Generales en la mira!

Pablo Aure
El Carabobeño / ND

Insistir sobre la mugrienta corrupción del régimen rojo rojito pareciera llover sobre mojado. Es cierto que antes, en la IV República, se cometieron desmanes contra el erario público, pero ahora, en la V, el monto de los desfalcos aunado a la tremenda ineficacia y rotación de los mismos bandidos en los puestos de gobierno no tiene nombre. El que antes haya habido corrupción también, desde luego, no puede ser consuelo alguno. Si antes lo condenábamos, hoy no podemos dejar de hacerlo.

Pues bien, aunque es improductivo establecer diferencias entre lo que antes ocurría y lo que hoy pasa con la hacienda pública. Al menos antes se hicieron obras en contraste con estos últimos 11 años en los que Venezuela parece arrasada por un huracán. O sea, roban con las dos manos, y ninguna obra pueden exhibir.

El militar que burló la Constitución y su juramentó en el año 1992 enarboló entonces la bandera de la lucha contra la corrupción, y seis años después, obtuvo buenos resultados. Llegó al poder desgañitándose que encarcelaría a los corruptos y habría justicia. De hecho comenzó con una aparente reforma del estamento judicial. No quiero generalizar etiquetando a todos los de la IV como unos bandoleros, debemos recordar que hubo jueces honorables, y diputados y senadores indiscutiblemente probos, que además brillaban con luz propia. Eran capaces de enfrentarse y controlar (interpelándolos) a los jerarcas del Ejecutivo. Había, sin dudas, una pléyade de hombres y mujeres que con todos sus errores apuntalaban una senda hacia la configuración de una democracia decente y fuerte. Señálenme ustedes al menos uno solo de los rojo rojitos que tenga liderazgo propio y sustentabilidad sin el auxilio del “comandante presidente”: no lo busque que no lo hay.

Aplausos y triquiñuelas

Cada vez que me calo un “Aló Presidente” me pregunto: ¿en cuantos negocios sucios estará metido tal o cual general? La misma interrogante al ver aplaudir enfermizamente a ciertas personas riéndole a Chávez órdenes manifiestamente inconstitucionales o exclamaciones impropias de un jefe de Estado. Cuando veo a ministros, empresarios, o altos empleados públicos “lucir” camisas o chaquetas de reconocidas marcas pero con el inconfundible color rojo, no puedo evitar hacerme la siguiente pregunta: ¿A quién estará vacunando o en qué guiso estará metido este o aquel fulanito?

Corrupción premeditada

El presidente ha hecho lo que ha querido con el estamento militar. Ha sido Chávez quien ha contribuido a desacreditar a los uniformados que hoy están en la mira de la justicia. Ha sido él quien ha colocado a militares en puestos claves de gobierno sin importar los méritos y capacidades para realizar determinadas funciones. Es más, mientras menos conozca el militar sobre la materia, mejor. El asunto no es solucionar el problema, sino corromper al sector castrense para controlarlo después, como en efecto ocurre. Ustedes dirán: ¿para qué? “Sencillito”: a Chávez no le interesa una Fuerza Armada seria y con credibilidad. Sabe muy bien que teniendo una institución así, decente, responsable, honesta y de prestigio, acecharía un peligro para sus intenciones de perpetuarse en el poder. Por eso insiste en procurar que los militares se corrompan, hagan negocios y declaren cosas inverosímiles. Y pone todo su empeño para que la gente, el pueblo, lo sepa. Chávez empuja a los militares para que se metan en la diatriba política, para encochinarlos y exponerlos. Busca que los señalen e investiguen y descubran sus negocios. No le gusta que estén en los cuarteles. Chávez se siente más seguro de verlos en los medios, porque sabe que de esa manera los minimiza.

Por ejemplo, las recientes declaraciones del general Rangel Silva, y su ascenso posterior a general en jefe, es un claro indicador de lo que digo. Sin pretender exculparlos del todo, se me hace que muchos de esos que ahora terminan sindicados como colaboradores de grandes capos, en principio recibieron órdenes superiores de prodigarles esa protección, sin saber en qué estaban metiéndose. Sólo por la fulana obediencia. Ahora salen como cómplices.

Makled sin uniforme

“Vamos a estar claros. De estas empresas comía mucha gente; así tan sencillito, del alto gobierno. Claro que recibían dinero mío mensualmente. Entre todos ellos como un millón de dólares”. Eso lo dijo hace algunas semanas Walid Makled. Y cómo dudar de que eso no sea cierto. Así, “sencillito”, es muy difícil que alguien tenga tanto poder sin tener un contacto allá arriba en el más alto gobierno. ¿Es que acaso no recordamos la donación que la fundación Makled hizo al gobierno de Carabobo en tiempos de Acosta Carles? Ayer leí en El Nacional otras declaraciones en las que ese señor asegura que “mientras era solicitado activamente por los organismos de seguridad en Venezuela desde noviembre 2008, (…) estaba oculto en una mansión de La Lagunita, bajo protección militar y desplazándose en vehículos con placas oficiales”. Vuelvo con la misma interrogante: ¿no sería en cumplimiento del “deber de obediencia” que muchos de esos generales accedieron a dar esa protección?

¿Chantaje presidencial?

Chávez ayer volvió a referirse a Lorenzo Mendoza, el que, por cierto, ni se inmuta ante las constantes provocaciones. Lo que es la clase, la educación, el coraje, la honestidad. Mendoza sabe que tiene mucho que perder, pero su amor por el país es mucho mayor que el apego que pueda sentir por sus empresas y lo que ello representa. En efecto, haciendo gala de sus dotes dictatoriales, en el “Aló Presidente”, Chávez dijo: “No tengo intenciones de expropiar las empresas Polar, a menos que Lorenzo Mendoza insista”. Nada que explicar, Chávez utiliza la expropiación, que es una institución de Derecho público para la adquisición forzosa de bienes para hacer obras públicas, como instrumento de retaliación. Así de “sencillito”. Es la actividad de la empresa la que debe entenderse de interés social, no la conducta de sus administradores.

pabloaure@hastacuando.com

Twitter: @pabloaure

pabloaure.blogspot.com

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